Torneo Nacional de Debates

lunes 04 de abril, 2016

El Ministerio de Educación y la Universidad Diego Portales a través del Centro de Estudios de Argumentación y Razonamiento (CEAR), mediante convenio acordaron la realización de un Torneo de Debate Interescolar interregional que abarque a establecimientos de educación media municipal, de las ciudades de Iquique, La Serena, Santiago, Valdivia y Punta Arenas.

Esta actividad tiene como propósito contribuir a la creación de espacios de reconocimiento social y valorización de la diversidad, mediante prácticas dialógicas, reflexivas y colaborativas integradas en un sistema pedagógico multimodal, que llamamos Torneo Interescolar de Debate.

El torneo se desarrolló en fechas locales, regionales y nacionales. Debido a la premura del tiempo y a la cantidad de colegios convocados, se optó en algunos casos por realizar jornadas de eliminación directa. Los tópicos de debate fueron entregados en la jornada de capacitación, además del sorteo y el fixture; con esta información, los colegios tuvieron acceso a toda su ruta de debates a lo largo de las jornadas, lo que facilitó la realización de más fechas de debate regionales seguidas. Para las jornadas nacionales (quinta y sexta jornada), se necesitó una ventana más amplia de tiempo entre ambas fechas, dado que se requería planificar el viaje de los establecimientos de regiones, así como darles tiempo para preparar una tesis que no se conocía con anticipación.

El Torneo de Debate se caracteriza por un conjunto de principios y de modos de evaluar que este Reglamento pretende explicitar, especificar, y sistematizar. Tales principios y modos de evaluar suponen una toma de posición respecto de temáticas importantes en teoría de la argumentación e institucionalización de la teoría en un formato de debate.

Sobre los principios que fundan este Torneo, se pueden señalar varios. Por un lado, se usa como referencia de forma predominante, aunque no exclusiva, la teoría pragma-dialéctica de la argumentación. Asumimos que el fin ideal de la argumentación es resolver una diferencia de opinión respecto de un punto de vista. Esto explica la posibilidad de abandonar el rol en la etapa final del debate, así como las obligaciones asociadas a tal etapa. No se entiende el debate como una actividad destinada a defender a cualquier precio un punto de vista de principio a fin, sino como un proceso donde se dan razones y se reflexiona críticamente sobre estas. Este ideal se institucionaliza mediante las reglas para el Cierre que obligan a los equipos a realizar un análisis crítico del debate como condición de obtener cierto puntaje. Ahora bien, otros aspectos de esta teoría han sido dejados de lado, como explicaremos más abajo.

Por otro lado, siguiendo este mismo paradigma, se introducen las presunciones derrotables de aceptabilidad y las diferentes reglas para probar tipos de enunciados (hecho, valor, política). Estas reglas configuran dos nociones que en la práctica siempre están operando en la argumentación cotidiana o incluso en los debates de torneos, pero que pocas veces se explicita su importancia sistemática. Por un lado, una noción intuitiva que todos practicamos, a saber, que para iniciar una conversación con otra persona debemos partir de algún tipo de presupuesto común, pues de lo contrario no podemos razonar juntos. Institucionalizar esto en un torneo de debate supone privilegiar las apelaciones a ciertos principios que asumimos como compartidos para argumentar públicamente (como la igualdad o la libertad), y a la vez excluir o gravar con cargas mayores las argumentaciones filosóficas o religiosas que son en principio ininteligibles para un ciudadano dispuesto a escuchar razones.

Quien afirma algo debe ser claro y basarse, al menos inicialmente, en el acervo de creencias comunes que posibilitan que hablemos de una comunidad política. Ahora bien, tampoco es sensato asignar un valor a nuestras creencias comunes sólo porque están ahí. Por esta razón la presunción de aceptabilidad es derrotable si se argumenta por qué debemos desechar una creencia o darle una aplicación diferente a la que se suele dar.

De este modo, este Torneo rescata dos creencias presentes en la noción de dialéctica desde Aristóteles, a saber, que uno de sus fines posibles es dar lugar a conversaciones bien razonadas con cualquier persona y, por otro lado, que una premisa plausible usada como punto de partida puede ser falsa a pesar de su verosimilitud.

Lo anterior, sumado a ciertas convicciones propias del mundo moderno, implica ciertas definiciones en materia de prueba. Hemos excluido los argumentos morales basados en la mera autoridad, tal como no nos parece razonable que un legislador diga que aprobará una ley por el mero hecho de que alguna institución lo dice (lo cual explica las reglas para probar enunciados de valor). Del mismo modo, también parece inaceptable adoptar una política pública sin información empírica conseguida de modo fiable por especialistas en la materia. En tal sentido, las reglas de este Torneo pretenden simular el marco adecuado de estándares que debemos seguir al argumentar públicamente, evitando el fetichismo de los expertos en políticas públicas que presuponen en la técnica decisiones políticas, y escapando a la vez de la idea de que todo problema sólo se agota en una cuestión de principios.